Benzema (por Ignacio de la Rica)

Cuando adopté a mi primer perro me dijeron que para enseñarle a obedecer tendría que mandarle con voces cortas y rotundas. Pero yo nunca he sabido gritar. No tengo voz; no soy capaz de hacerme oír por alguien que esté a cuatro metros, si hay un poco de ruido de fondo. Así que, ignorando los consejos expertos, me propuse que mi perro obedeciera con voces cortas, pero audibles casi solo por él, y, eso sí, premiadas o castigadas sin escatimar la recompensa. Lo conseguí con el primero; sin embargo, a Nico -que, como diría Fidel Castro, es un mariconsón- le basta un chasquido de mis dedos para tumbarse, dejar de dar la lata o seguirme por la calle, detrás de mí y sin que yo tenga que ir sujetando una correa.
Cuando hay mucho ruido, la única manera de hacerse oír es gritar más. Cuando la vida cotidiana está repleta de escándalos, se corre el peligro de convertir en tal hasta las cosas más nimias, no porque tengan chicha sino porque se tienen que contar a gritos. Vivir rodeado de bárcenas, urdangarines, eres andaluces o comisiones del 3%, tiene el peligro de convertir en un escándalo que a Benzemá le hayan pillado a 216 kilómetros por hora, a las dos de la noche, en una autopista vacía de cuatro carriles.
No puedo decir que conducir a esa velocidad esté bien, aunque solo sea porque es ilegal. Pero sostengo que si a muchos no nos pillan es porque hemos tenido buena suerte, hasta ahora, o porque no tenemos carro suficiente. Noticia de primera página, aspavientos, editoriales y varias asociaciones que piden multas millonarias, prisión mayor y el fuego eterno para el delantero francés. Y, de paso, que le multen a Casillas por conducir escayolado y a Piqué por llevar en brazos a su hijo recién nacido. Hipocresía de primera clase. Y ganas de las asociaciones más curiosas de hacerse un hueco en el planeta mediático.
Entre las ganas de unos por salir en la tele, la necesidad de la prensa de hacerse oír en medio del griterío e incluso por el prurito profesional del reportero que tiene que demostrar que “tengo las fotos” hace que parezca un escándalo mayúsculo el rutinario hecho de que el sol se levante todos los días por el este. De esa manera, acaban de titular de primera página hechos también ordinarios como que una empresa contrate o despida, venda y cobre por ello, tenga beneficios y pague impuestos, pida un crédito y lo devuelva, o no pueda devolverlo. Coger el gusto a escandalizar y a ser escandalizados tiene el riesgo de acabar trivializando las conductas más escandalosas y criminalizar conductas triviales.
Karim Benzema

Karim Benzema

Fuente: Expansión

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