Golazo urbanístico en el Bernabéu

REPORTAJE PUBLICADO EN LA REVISTA INTERVIÚ (1 ABRIL 2013). 

AUTOR: JOAQUÍN VIDAL.

Goles, emociones, trasiego de personas, venta de bufandas, negocios. Todo esto sucede en el Bernabéu, uno de los estadios más populares del mundo. Pero pocos saben que el escenario de los triunfos blancos se levantó sobre Villa Ulpiana, una hermosa finca con palacete expropiada por interés público en los años cuarenta. Ahora el Real Madrid quiere ejecutar su última jugada maestra donde estuvo Villa Ulpiana: cerrar la cúpula del estadio y colocar en la Castellana un centro comercial y un hotel. Aunque claro, para ello han tenido que regatear y hacer un llamativo rondo con las autoridades urbanísticas de Madrid, que no han puesto obstáculos al club blanco.

Una finca despiezada - Foto: Revista Interviú

Una finca despiezada – Foto: Revista Interviú

Sin embargo, los antiguos propietarios de Villa Ulpiana no están dispuestos a que se juegue en su antiguo jardín sin que ellos puedan, al menos, rascar bola. Por eso han presentado una demanda contencioso-administrativa ante el Tribunal Superior de Justicia de Madrid para recurrir las modificaciones urbanísticas que van a permitir al club de Florentino Pérez hacer una carambola de las proporciones de la que logró en la vieja Ciudad Deportiva. La familia Ruiz- Villar reclama, con base en sus derechos de reversión (ya que los terrenos no se dedicarán a parquin, aceras o zonas verdes, razones por las que se expropiaron), su parte en esta operación

Ver un plano del Madrid de los años veinte es un viaje al pasado muy interesante. Pedro Ruiz-Villar, conde de Maudes, era un visionario constructor con enorme capacidad de emprendimiento. Hay una calle de Madrid en su honor, otra en el de su madre y así hasta cuatro parientes más, en reconocimiento a su aportación a una ciudad que salía de ser un poblachón manchego para convertirse en la capital de una potencia media europea. El urbanista y constructor buscó un lugar tranquilo, pero bien emplazado, de cara al futuro, para construirse su casa de campo en 1920. “No es un nombre muy bonito, pero era el de su madre”, explica hoy el abogado Rafael Ruiz-Villar, representante de los herederos. Así, la finca con su palacete del gusto belle époque se llamó Villa Ulpiana. Estaba situado ante la salida natural de Madrid hacia el norte (la carretera de Burgos), el paseo de la Habana.

Pero por la cabeza del conde de Maudes no pasó lo que se les iba a ocurrir a los urbanistas del franquismo, eufóricos aún tras el fin de la guerra. La capital de la victoria merecía una avenida majestuosa, al estilo de las grandes avenidas del fascismo europeo de la época. Por eso en 1942 se diseñó la Castellana –entonces avenida del Generalísimo–, en lo que eran unos desmontes que servían para que los madrileños fueran a merendar o recogieran setas y espárragos. Y sobre el jardín trasero de Villa Ulpiana.

Consecuentemente, la villa fue parcialmente expropiada. El Real Madrid, vecino su campo de Chamartín, ya mostraba sus credenciales, y, una vez demediada su finca, Pedro Ruiz-Villar decidió vender a Santiago Bernabéu la mayor parte de la parcela sobre la que hoy juegan Ronaldo o Xabi y en su día lo hicieron Di Stéfano o Butragueño. A partir de ese momento el brillo del club merengue dejó eclipsada la finca hecha pedazos. Las ampliaciones del estadio Bernabéu y las expropiaciones para conseguir aparcamientos y zonas que sobre el plano debían haber sido verdes fueron despiezando lo que quedaba de Villa Ulpiana. El jardín de don Pedro Ruiz-Villar era un codiciado y valiosísimo tramo de la Castellana.

Un tramo que hoy es un simple aparcamiento, no la zona verde que previó la última modificación del Plan General de Ordenación Urbana (PGOU) de la ciudad. El Madrid –una vez amortizada la operación de las cuatro torres de 250 metros de la Ciudad Deportiva con una plusvalía estimada en 500 millones de euros–, además de su estadio rodeado de cuatro torres (al modo de San Siro), tiene una esquina comercial y un aparcamiento de 15.000 plazas bajo el mismo campo. Pero Florentino Pérez, un emprendedor urbanístico indudable, ya tiene otro plan. Una operación peliaguda, porque los cocientes de edificabilidad en la zona están saturados y porque el Real Madrid tiene que usar una parcela propiedad del Ayuntamiento de Madrid. Propiedad municipal verdaderamente extraña, como se verá.

En este momento el rondo que Florentino Pérez juega con el Ayuntamiento de Madrid adquiere las características de una carambola a varias bandas. El 8 de enero de 2013 el consistorio modifica una vez más el PGOU para los alrededores del Bernabéu. La jugada es de mérito: como consecuencia de que el ayuntamiento no ha podido entregar al Madrid unos terrenos a cuenta de la operación de la Ciudad Deportiva, más otros terrenos que el Real Madrid tiene en Carabanchel, el club blanco se queda con toda la acera de la Castellana y puede edificar su macroproyecto. El remate a la escuadra: se concede la edificabilidad que tenía en los terrenos de Carabanchel (más allá de la M-30) y se traspasan al corazón financiero de la capital. Gol.

Nada parece pues ponerse en el camino del fastuoso plan de Florentino Pérez. La zona verde se queda en Carabanchel. Eso sí, el parquin público que debía construir el Real Madrid se va a convertir en uno privado del club. La entidad blanca se remite a la asamblea de socios que aprobó el proyecto, y asegura que “los proyectos para hacerlo están llegando”. El ayuntamiento no se ha manifestado ante las preguntas de interviú.

Aunque los de Villa Ulpiana sí tienen algo que decir. La ampliación del Bernabéu dio pie a una nueva expropiación, acorde con la modificación puntual del PGOU. En 1984 se expropió casi todo el resto de la finca. En 1990 el objetivo era dotar de unos accesos más vistosos, una zona verde y un parquin público, que tendría que costear el Real Madrid. Todo ello quedó sancionado con la modificación del PGOU. La familia de Pedro Ruiz-Villar reclamó ante los tribunales, y perdieron en 1994, con el voto particular de disconformidad de tres magistrados.

Es instructiva la lectura de la sentencia, en la que se asumen los planteamientos del Real Madrid casi sin tacha. En un párrafo se puede leer que “el hecho de que parte de estas medidas beneficien a una entidad privada no determina la existencia de desvío de poder, porque al fin y al cabo los intereses públicos son la suma de los intereses particulares”. Una interpretación llamativa del derecho que no gustó a otros tres magistrados, que fueron demoledores en su voto particular: se trata de la solución “más gravosa para el interés general. El primer beneficiario es el Real Madrid, no hay beneficio alguno para los intereses generales. (…) Se ha apartado del interés público persiguiendo un fin espurio totalmente ajeno a aquel”. Los magistrados López Muñiz- Goñi, Castro Rojas y Huelín Martínez de Velasco califican la sentencia de “inmotivada e injustificada”.

Pero la ley manda, y las modificaciones del PGOU, beneficiaran o no al Real Madrid, ya eran ley. Lo que sucede es que delante del Bernabéu no hay una zona verde, sino un aparcamiento de cemento para autobuses. Del parquin que, en contraprestación, debió pagar el club para uso de los madrileños, nada se sabe.

Unos metros cuadrados en la Castellana son un valor contante y sonante, aunque no para la familia Ruiz-Villar. Por eso resultó sorprendente la siguiente jugada por la banda: tras aprobar el PGOU, en 1991, el ayuntamiento inscribió en el registro la finca probablemente más rara que nunca hubiera visto registrador alguno. Tenía la siguiente forma: cuatro círculos y una línea semicurva de tres metros de ancho que recorren tres cuartas partes del perímetro del Bernabéu. Alegaba ante el registrador que pertenecían al municipio “desde tiempos inmemoriales” y tenían caminos ancestrales.

Lo cierto es que las fotos históricas de Villa Ulpiana demuestran que por en medio del jardín y la finca (vallada por completo) no había camino alguno. Esa finca ha entrado en el cómputo de metros cuadrados que se intercambian con el Real Madrid para que se pueda llevar a cabo el nuevo macrocentro comercial en plena Castellana.

Los contables dicen que el papel lo aguanta todo. Sin embargo, que una finca tan peculiar esté registrada es una filigrana a la altura de Zidane.

FLORENTINO O LA MANO DE DIOS (POR GONZALO LÓPEZ ALBA)

Ni Cristiano Ronaldo ni José Mourinho. El auténtico crack y alma máter del Real Madrid es Florentino Pérez, la estrella de la incomparable delantera que forma la alineación de su junta directiva. El presidente merengue siempre encuentra el espacio para meter un pelotazo a la escuadra.

Aunque la fama se la ha dado el fútbol y el dinero la construcción, no en vano es ingeniero de caminos, canales y puertos e hizo sus pinitos en la política antes de prosperar en los negocios. En la parte más olvidada de su biografía se reseña su paso por el Ayuntamiento de Madrid como concejal de UCD y su participación en la fundación del Partido Reformista Democrático, del que fue secretario general como pivote de la operación Roca, aquel fallido intento de fabricar un presidente del Gobierno de origen catalán que lideró Miquel Roca en 1986.

Pese a que el juego del Real Madrid sobre el césped se caracteriza por la verticalidad y el contraataque, el que Florentino practica en el palco del Bernabéu se asemeja más al tiqui-taca de la selección, que toca y toca hasta encontrar el gol. Véase, si no, esta jugada de pizarra: primero, allá por 1990, se pone en marcha la expropiación de terrenos colindantes al estadio para construir un aparcamiento de autobuses donde el conde de Maudes había levantado un palacete; y después, 23 años más tarde, se maniobra para modificar su uso y edificar un centro comercial con un hotel de cinco estrellas.

Escribió Eduardo Galeano (Espejos) que los devotos de Diego Armando Maradona lo veneraban por “el gol del artista” que nacía del malabarismo de sus pies, pero también por aquel otro “que su mano robó”.

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