Seda salvaje, rusas, oro y llanto (por @manueljabois)

Los futbolistas celebran desnudos los títulos de sus equipos y los propios muy vestidos. Si usted enciende la televisión y se encuentra a su estrella en calzones es que tiene que salir corriendo al bar a celebrar algo; si va de rojo cereza en seda salvaje, siéntese y abra una cerveza. El leitmotiv del Balón de Oro, como las cosas doradas que se entregan en el mundo, es ver ropa; donde hay oro hay mercadillo. El único que apareció vestido de corto, como jugaba, fue Zidane, que vistió traje.

Cristiano Ronaldo

Cristiano Ronaldo

La gala fue llevada por Gullit, que envejece sin estridencias, aferrado a esa jovialidad que le daban las rastas y ahora la lucha fratricida, casi tierna, contra la alopecia, y Fernanda Lima, a la que se le está poniendo una belleza Fifa. A las modelos que se exponen mucho a los futbolistas les queda siempre un aire a pizarrín como el que usaba Floro, al que, por cierto, ayer la publicación de las notas del Balón de Oro lo descubrió entrenando en Canadá, donde permanecía en el más tenebroso de los secretos; Floro en Ontario: ahí tienen los Coen un guión indescifrable.

Dolce&Messi&Gabanna pusieron la pimienta. El argentino se atrevió con un traje que dejaba poco a la imaginación, literalmente: no se podía pensar en otra cosa. Leo empieza a ser la Lady Gaga de los premios levantando temible expectación donde quiera que va. A mí me parece estupendo que quien rompa moldes en el campo lo haga también en la alfombra, aunque haya tenido en Zurich a gente parada delante de él esperando a que se pusiese en verde. Con tantos odiadores sueltos por el mundo se llega rápido a la conclusión de que el buen gusto consiste en ir a los sitios sin pensar en los demás.

Uno de esos que también van a lo suyo es Cristiano Ronaldo. Ganó porque no había discusión posible; hizo un año terrorífico cayendo sobre los rivales como decía Loriga que caía el sol los días de calor: como la pata de un elefante. Juega como salta, elevándose medio metro por encima de los demás. Se demostró ayer que para él el galardón era más importante que lo que anunciaba y reaccionó dramáticamente al ganarlo. A los que nos deja frío este premio y soñábamos con que hiciese un Marlon Brando, la llorera de Cristiano, tan elegante con su rusa del brazo (a estos sitios hay que llevar rusas, unas dentro de otras, preferiblemente), nos estresó de golpe. El maestro Alcántara cita a Proust para hablar de un muerto como de alguien de quien había huido el tiempo. A Cristiano, al ser nombrado mejor jugador del mundo, se le metió dentro de golpe; el padre perdido, la infancia de Funchal, la madre mamma, el hijo jugando bajo el Balón de Oro como John-John bajo la mesa. Y lloró, claro. Irina tenía cara de menuda noche con poleos menta.

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