Xabi Alonso (por Emilia Landaluce)

Decir que el rey está desnudo no es fácil. El jugador del Madrid se atrevió a criticar la actitud de la selección, responsabilidad del cuerpo técnico liderado por el marqués. Sus palabras han desatado cierta ira: “No hemos sabido mantener ese hambre, esa ambición. No estábamos preparados y físicamente hemos llegado también muy justos”. Fíjense en el tiempo verbal que utiliza: primera persona del plural; luego asume también su pésima actuación. Alonso, claro, ya ha deslizado que dejará la selección después del partido de trámite con Australia. Hace bien. Es mejor retirarse como la Garbo que caer en el patetismo. Ahora, los voceros le recriminarán los anuncios que ha hecho y hasta ese traje que llevaba cuando saltó al césped en la final de la Champions para abrazar a Ramos. Desde luego, mi madre, y cualquier madre, preferiría un yerno como él. Por cierto, ¿vuelve a estar vacante el título de yerno de España?

Xabi Alonso

Xabi Alonso

Fuente: ABC

Eppur si muove (por @manueljabois)

EN UN LIBRO QUE NO SÉ si estará en la calle dentro de poco o ha salido ya, y que firma un gallego alcoholizado de talento notorio, Juan Tallón, se recuerda al portero Fenoy, que en sus entrenamientos más desganados se limitaba a clasificar los balones que le lanzaban los compañeros en dos grandes grupos: parables e imparables. No se movía, sólo clasificaba: “parable”, “fuera”, “palo”, “imparable”… Si alguien le reprochaba algo, ponía cara de intelectual y decía: “Hoy, teoría”. Le llamaban Loco, como a Gatti, a Higuita y al 90% de arqueros del mundo. Algo tiene la portería de oficio de desharrapados y vagabundos, casi todo el día paseando por el área como por los territorios de un lobo solitario.

Iker Casillas

Iker Casillas

A Iker Casillas no habría forma de ponerle Loco, y eso que es, en el juego, la más pura extravagancia que ha tenido España; su instinto más primario, su pulsión más salvaje. Es, por decirlo al modo obsesivo compulsivo, un portero de paradas. Grandes, majestuosas, oportunísimas. Sólo así se entiende que un portero de estatura normal, francamente malo con los pies y llamativos problemas en las salidas por alto, haya sido tantos años el mejor del mundo. Casillas es un portero que se dedica a salvar partidos. Su impacto en el resultado siempre ha sido, en un porcentaje altísimo, brutal.

Con España a Casillas se le recuerda su parada aRobben y ya no tanto los penaltis contra Italia, porque una de las cosas malas que tienen las jugadas de grandeza es que se solapan unas a otras. Pero alguna vez creo que le he oído decir, y yo estoy muy de acuerdo, que la gran victoria de la selección española de este siglo fueron los cuartos de final de Viena, y me atrevería a sospechar que aquella euforia primigenia de parto de los montes no se volvió a repetir nunca en un grado tan alto, ni siquiera con el gol de Iniesta. De entonces sobrevive una imagen legendaria del madridista: el bufido al fallo del compañero y su paseo hasta la portería con cara de “me toca hacerlo otra vez”. Que lo hiciese fue lo de menos; ya todo el mundo sabía que lo iba a hacer.

Casillas perdió la titularidad del Madrid a manos de dos entrenadores distintos y eso ha motivado la organización, deprisa y corriendo, sin vergüenza alguna, de una campaña gigantesca en la prensa llena de frases, teorías y puñetazos que harían morir de rubor a cualquier ser humano que distinga la verdad de la mentira. Pues bien: ha sobrevivido. Mourinho, al lado de sus amigos o de los que se pretenden serlo, ha sido un santo caritativo con él. El daño a su carrera no ha sido tanto sentarse en el banquillo como que un periódico diga absolutamente en serio que desvía con la mirada los balones al palo. Este ramalazo de las noches del tarot, frecuente entre locutores sanadores y Melquiades de tertulia, sienta cátedra de tal forma que hay que irse a la sección para ver si el artículo está en las páginas de Ciencia.

Sobrevivió Casillas a la prensa deportiva y sobrevivió a Ancelotti porque el italiano le dio algo que en septiembre parecía una propina de pobre y hoy es el momento cumbre del año: campeón de la Copa del Rey y –aún en duda cuando escribo esto– quién sabe si de la Champions League. Los porteros de paradas, a los que se les atribuyen milagros y poderes telúricos, están más cómodos en los partidos grandes. Por eso en las competiciones cortas es donde exprimen el genio. Nunca se le ha llamado Loco a Casillas, y eso que es el único del que dicen que, como al Loco Fenoy, podría adivinar a dónde van los disparos sin moverse más de lo necesario en la portería. Afortunadamente, como la Tierra, eppur si muove.

 

Fuente: GQ.