Sergio… y 10 años más (por Florentino Pérez)

Su gran aventura como profesional cumple una década. De Camas a la Castellana, donde se ha convertido en uno de los referentes de este Real Madrid del siglo XXI. Diez años de profesional podrían ser suficientes para poder definir completamente la carrera de un jugador, pero en el caso de Sergio uno tiene la sensación de que estamos ante un nuevo punto de partida. Y es así por su juventud, por su fuerza, por sus deseos de victoria y porque su carácter no le permite poner pausa a su afán por mejorar cada día.

Florentino Pérez y Sergio Ramos

Florentino Pérez y Sergio Ramos

Diez años de futbol de altísimo nivel y, de ellos, nueve vestido con la camiseta del Real Madrid. No es fácil llegar hasta aquí. No es fácil poder jugar en el Santiago Bernabéu y, sobre todo, no es nada sencillo formar parte de la leyenda y de una historia blanca donde la exigencia total es la normalidad.

Sergio se ha convertido en uno de esos futbolistas determinantes en un equipo porque su personalidad poderosa en los terrenos de juego ofrece esa combinación de entrega, verdad y talento que tanto seduce al madridismo. Él es un defensa diferente, con técnica, con valor, y por eso nuestros aficionados lo hicieron suyo muy pronto.

Sergio llegó a esta casa cuando tenía solo 19 años y para muchos aquel fichaje era una osadía, porque se trataba de un futbolista extremadamente joven, sin grandes dosis de experiencia y que apenas había jugado en la máxima competición. Apostamos entonces por lo que algunos consideraban una locura y aquello se convirtió en una bendita locura, porque ha respondido con su excelente trabajo a las grandes esperanzas que habíamos depositado en él.

Soñaba con formar parte del mejor club del mundo y con ser importante en la historia del Madrid. Llegó y lo hizo porque su obsesión era triunfar con este escudo y ser uno de sus capitanes, y de sus líderes. Su carácter está tallado de energía, de pasión por la pelota, de ansias de triunfo, de honestidad y de hambre de fútbol. De ese deseo que se desata cuando busca desesperadamente el gol con la cabeza en el área contraria rodeado de adversarios.

Sergio no tardó en descubrir cuáles son las señas de identidad de un Club nacido para afrontar lo imposible y donde no se acepta la palabra rendición. Él se adaptó con naturalidad a ese modelo-Real Madrid que siempre te exige y desde ahí ha forjado un palmarés de dimensiones extraordinarias. Estamos ante todo un campeón del mundo que no ha perdido ni su espontaneidad, ni su sonrisa. Sergio pasea por la cumbre pero sigue siendo ese chaval cercano, familiar, solidario, cariñoso y ese enorme jugador que ha interiorizado a la perfección los valores y los principios que han construido la grandeza del Real Madrid.

En el campo se ha ganado el respeto de sus rivales y la complicidad de sus compañeros, porque en su comportamiento siempre hallaremos nobleza, valentía, esfuerzo y sinceridad. La gente del fútbol lo sabe y por eso los aficionados le quieren.

Su trayectoria como profesional comenzó hace diez años y si él quisiera podría seguir otros diez años más al máximo nivel. El Real Madrid se ha convertido en su casa. Y, sin duda, ahora, acompañado por ese corazón enorme que posee, tiene motivos más que sobrados para celebrar con los suyos que un buen número de sus grandes sueños han sido cumplidos. Aunque, como él sabe perfectamente, en este Club nunca ninguna victoria es suficiente. Para Sergio, el mejor defensa del mundo, esto no ha hecho más que empezar.

Fuente: Marca

Un Balón de justicia (por Florentino Pérez)

Crecer y crecer como futbolista. Trabajar para mejorar cada día y en cada partido. Ningún título es suficiente y no hay victoria que calme el deseo de triunfo. Así es Cristiano Ronaldo. Un número 1 indomable que respira espíritu de equipo y un verdadero líder del fútbol actual. Cristiano es siempre el primero en exigirse al máximo porque tiene interiorizada una enorme capacidad de sacrificio. Talento, entrega y ese hambre incontenible de títulos le hacen simbolizar muchos de los códigos sagrados que configuran la cultura del madridismo. Cristiano ha sido capaz de conquistar el respeto y el afecto de nuestros aficionados porque para ellos, igual que para él, la victoria es irrenunciable.

Cristiano Ronaldo

Cristiano Ronaldo

Él, además, no olvidará nunca de dónde viene y quién estaba a su lado en los momentos difíciles, cuando las lágrimas se hacían presentes. Ha sido un camino muy duro desde el Funchal y, por eso, estas últimas horas no se ha separado de su familia. El Bernabéu llenó sus gradas para recibirle como nunca había recibido a nadie y él ha devuelto ese cariño con una entrega ejemplar y con una capacidad goleadora milagrosa. Su pasión por el gol sólo es equiparable a su pasión por la pelota. Marcar como obsesión y como sueño. Golear para alcanzar cifras que nunca han sido alcanzadas en busca de la victoria del equipo.

«Cristiano, tú tiras las faltas como las tiraba yo», le dijo nuestro gran Alfredo Di Stéfano no hace demasiado tiempo. Era el reconocimiento de un dios del fútbol que se convirtió también en una especie de bendición, porque quienes tuvimos el privilegio de ver jugar a Di Stéfano percibimos hoy en Cristiano la continuidad de una dinastía.

Hombres como Alfredo, y como Cristiano Ronaldo, han sido pilares esenciales en la construcción del club más grande de la historia. De un equipo donde no hay tiempo para el desaliento. Cristiano es fuerza, energía, derroche en el esfuerzo, orgullo, tenacidad, valentía, pero también inspiración. A Cristiano aún le quedan muchos goles por marcar.

Su leyenda es una realidad, pero sus botas todavía guardan jugadas únicas para la emoción que irá descubriendo por los terrenos de juego de todo el mundo. Lo hará vestido de blanco y con este escudo que llevará por siempre y para siempre. Cristiano ya tiene un nuevo Balón de Oro. Su segundo Balón de Oro. Se ha hecho justicia.

“Eternamente Cristiano” (por Florentino Pérez)

Sus números van más allá de la lógica matemática. Sus goles se acumulan jornada a jornada con asombrosa naturalidad y se multiplican como si jugase aquellos campeonatos de antaño con marcadores que rebosaban plenitud. Cristiano pertenece a la estirpe de los jugadores eternos capaces de marcar épocas y destino. Su genética competitiva encaja a la perfección con la genética del Real Madrid, porque su ansia de victoria es insaciable. Para él nada es suficiente. Su voracidad no permite que haya tiempo ni para la comodidad, ni para el desaliente, y cada partido es un nuevo desafío que requiere de la máxima entrega. Valiente y directo con la pelota en cualquier lugar del terreno de juego, aunque sabe que las defensas le golpearán para intentar frenar su avance. Inconformista y con una altísima autoexigencia como base de su comportamiento, busca siempre la perfección porque solo así uno puede enfrentarse a aquello que para la mayoría es aparentemente imposible. En la conquista de la Liga de los récords, su talento fue, sencillamente, arrollador e imparable. En la Cibeles, durante la celebración del equipo, el gesto de Iker Casillas, junto a la diosa, abrazado al delantero fue todo un símbolo. El gran capitán le señaló ante el madridismo como el gran hacedor. Cristiano es un sueño para el Real Madrid y ha logrado seducir a un Bernabéu que le reconoce como suyo, con pasión y como inspiración. Pero su potencia va mucho más allá de los seguidores madridistas y son los aficionados del mundo entero quienes le señalan como uno de los más grandes. Para mí, el más grande.

Cristiano Ronaldo

Cristiano Ronaldo

Fuente: El País Semanal.